DEDICADO a TODA MI FAMILIA, en especial a MIS ABUELITOS CRIS Y TOÑO y a mi HERMANITO DIEGO. Iago.

19 años

Hoy es un día importante Felicidades! Iago.   
Hoy hace 19 años que hizo que yo fuera para siempre Abuela Cris. Felicidades!  mamá Inés

Los dedos de mamá


Esta mañana mientras mami me afeitaba justo antes de salir de casa, momento intenso pues yo solo pienso en salir y me muevo mucho, como siempre, acabé sentado en la mesa del salón y mirando por la ventana, mientras ella con la máquina hacía lo posible por afeitarme.
¿Qué pasó hoy? Pues que mami se descubrió mirando los dedos de su mano como recorren mi brazo, me agarran la mano, y suavemente con las yemas realizan unos movimientos que buscan tranquilizarme y contagiarme de cariño. Realmente esto que mami hace con los dedos lleva años haciéndolo sin darse cuenta. Pero hoy observó con detenimiento lo que hacía inconscientemente.
Luego en la parada del autobús, se pudo observar a sí misma haciendo algo parecido por mi cuello, de forma que intenta que mis músculos se relajen.
Y es verdad que durante todo el día mami está con sus dedos tocándome partes concretas de mi cuerpo, haciendo conexión conmigo, es como un lenguaje entre nosotros totalmente inconsciente.



¿Quién controla tu cuerpo?



¿Quién controla tu cuerpo? Esa fue la frase de mami ayer en el coche camino a casa de la abuela.

Llevo una temporada que me pongo muy acelerado por las mañanas antes de ir al colegio y antes de llegar a ver a alguien al que quiero tanto como en este caso la abuela.

Me daba golpes en el sillón del coche y gritaba y mami dijo eso. Todos sabéis que aunque no hablo, entiendo todo.

Mami siguió preguntando en voz pausada:
-¿Quién controla tu cuerpo?
-Yo (eso sé decirlo).
-Si tú controlas tú cuerpo, tú puedes hacer que no se de golpes.
Paré los movimientos pero seguía gritando.
-¿Quién controla tu cuerpo?
-Yo
-¿Y quién controla tu voz?
-Yo
-Pues entonces puedes hacer que tu voz sea bajita.
Y así fue, insistió varias veces mientras rebajaba los movimientos y los gritos. Llegamos a casa de la abuela sorprendentemente con las revoluciones del interior del coche en un nivel óptimo.

Para que esto ocurra, mami tiene que estar fuerte, porque sino, lo que ocurre es que se desencadena un temporal.

Pero mami eso lo sabe, se toma sus vitaminas en los cambios de estación y se hace analíticas para asegurar que todo esté bien. Por cierto, justo ha estado en el médico el jueves. Ha ido a ver el resultado de sus analíticas que se hizo hace diez días y cuando le preguntó al médico qué tal habían salido, el médico le dijo que no había más que mirarla a la cara para saber que todo estaba bien. A mami esa frase del médico justo en este momento le hizo sonreir. Cosas que pasan cuando tienen que pasar.
Mami está fuerte.

18 AÑOS


Mi hermano dice que ya puedo abandonar el nido, o que ya puedo sacar el carnet de conducir.
Y no os voy a contar lo que dice mi madre...
Hoy cumplo 18 años y han sido intensos.
He pasado de esto 1540g, a esto otro... Soy adulto.
Hoy no es día de contar hasta donde he llegado, hoy no, hoy dejamos la mente libre.


El jinete del silencio

Leí un libro cuyo protagonista se llama como mi hijo Iago (Yago).

Puedo definirlo como un tesoro.

Hace 5 años que lo tengo en casa, pero no sé muy bien por qué motivo, quedó escondido en el mueble del salón. Al hacer una gran limpieza lo reencontré. Fue un regalo de una prima de mi madre, Cristina Molinet, con gran acierto en su regalo.

Recomiendo su lectura a cada uno de los miembros de la familia de una persona con autismo, a los amigos, a los profesores, a a sus vecinos y a todo aquel que quiera sentir.

Su autor, en el epílogo del libro, se disculpa con los profesionales del autismo, las familias y los propios afectados por si en algún momento nos ha podido ofender, al menos a mi no, pero tengo que decir que este libro ha conseguido hacerme recordar dos cosas muy importantes y que intentaré no olvidar:
  • Que la vida enseña cada día, y las personas con autismo necesitan enfrentarse a la vida, no debemos ser tan protectores.
  • Y que todos los días tengo que ponerme en la piel de mi hijo para intentar saber qué está pasando por esa cabecita.
Doy gracias al autor del libro "El jinete del Silencio": Gonzalo Giner, por sus más de 700 páginas que he leído en un suspiro, por su delicadeza y por su empatía.